San Coronado  

Santo Mártir Coronado

LIGEROS APUNTES

SOBRE FRAY PEDRO MARTÍNEZ Y BAÑOGIL

Y TRASLACIÓN A ESTA VILLA DE JARAFUEL
DEL CUERPO DEL

Santo Mártir Coronado

E

l día 31 de Julio del año 1724, nació en esta Villa de Jarafuel un niño llamado Pedro, hijo legítimo de Miguel Martínez de Miguel y María Bañogil, honrados labradores de esta Villa. Educado en la más sólida piedad y en la práctica de todas las virtudes cristianas, pronto demostró verdadera vocación al estado religioso, así como su hermano Vicente; y en 24 de Junio de 1755 entró en la Religión Franciscana de la más estrecha observancia, pasando el año del noviciado en el convento de Nuestra Señora de Loreto. Pronunció sus votos solemnes y profesó el 29 de Junio del siguiente año 1756, y al poco tiempo fue destinado de cocinero y limosnero al convento de Sancti-Cuaranta de la ciudad de Roma. Bien pronto su humildad y sus virtudes le dieron a conocer en la Ciudad Eterna, y los hombres más eminentes se complacían en conversar con el humilde cocinero de Sancti-Cuaranta y tratar al pobre Frailecillo de San Francisco de Asís.

Durante su estancia en Roma, su principal pensamiento era Jarafuel. El sentimiento de la patria se levantaba siempre cariñoso y avasallador en su corazón. Remediar las desgracias de su pueblo, hacer feliz y dichosa aquella comarca era todo su anhelo. Bullía continuamente en su imaginación la idea de librar a su patria de las sequías, tormentas y pedriscos, que con frecuencia se sucedían en aquel territorio. Lleno de fe y de amor, quiso pedir al Pontífice Clemente XIII, la concesión del cuerpo de un santo Mártir, que fuera el protector de aquellos pueblos y que por su intercesión, Dios Nuestro Señor, les librara de aquellas calamidades.

Habló al Marques de Gabuche, Capitán de las tropas pontificias y al Marqués de Malespina, Maestre del Sacro Palacio para que apoyaran su petición cerca del Pontífice Romano, por más que esas concesiones no se acostumbran otorgar sino a príncipes y a reyes. Clemente XIII oyó benigno el ruego de estos magnates y dió orden a Monseñor el Sacriste de Palacio, para que se exhumase el cuerpo de un Santo Mártir de las Criptas ó Catacumbas romanas y se entregara a Fray Pedro, para remedio de Jarafuel y pueblos comarcanos afligidos, unas veces por las calamidades de la sequía, y otras por las tormentas y pedriscos.

Todas las esperanzas de Fray Pedro se desvanecieron bien pronto con la muerte inesperada del Papa Clemente XIII. Después de un Cónclave laborioso, subió a la Cátedra de Pedro el Cardenal Ganganelli de la Orden de San Francisco, con el nombre de Clemente XIV. Nuevamente insistió Fray Pedro en su antigua petición cerca del nuevo Pontífice, y bien, que el nuevo Papa fuera Franciscano, bien que las instancias de Gabuche y Malespina inclinaran al Pontífice a hacer la concesión ya autorizada por su Antecesor, Clemente XIV dio nuevamente la orden, y el Cuerpo del Santo Mártir fue presentado al Papa y colocado juntamente con la redoma de la sangre en una urna de cristal, y con el nombre de Coronado, fue entregado a Fray Pedro para que éste a su vez lo depositara en la Iglesia de Santa Catalina Mártir de la Villa de Jarafuel.

Los deseos del humilde Franciscano se habían cumplido y las gestiones, durante ocho años, que permaneció en Roma, habían tenido un éxito consolador. El tesoro, que anhelaba alcanzar para su patria lo poseía ya, no pensó más que en volver a Valencia. Obtenida la licencia de sus superiores, salió de Roma el 17 de Mayo de 1770 y el 11 de Julio del mismo año arribaba felizmente a Valencia, hospedándose en su convento de San Juan de la Ribera.

Registradas las auténticas del cuerpo del Santo Mártir Coronado por el Gobernador Eclesiástico, en aquel entonces Sede-Vacante, y por los secretarios de la Curia, a presencia del Reverendo Padre Provincial y toda la Comunidad, Fray Pedro hizo entrega y donación de aquel tesoro a la Villa de Jarafuel, representada en aquel acto por el señor Cura Párroco de la misma, Doctor D. Juan Bautista Sauna.

Era Alcalde o Justicia mayor de la expresada Villa, Juan Gaspar Martínez, hermano de Fray Pedro, y percatado de todo lo ocurrido en Valencia por carta afectuosísima del señor Cura, reunió inmediatamente Cabildo para nombrar una comisión, que marchara a Valencia y acompañara a Jarafuel el cuerpo del Santo Mártir. Fueron nombrados, en nombre y representación de los jurados, el Alcalde Juan Gaspar Martínez y el Regidor Francisco Medina; y en representación de los vecinos, Valero Baltasar y José Cuevas. Reunidos en Valencia con el señor Cura y Fray Pedro Martínez, salieron todos de dicha ciudad el 26 de Julio de 1770 y fueron a pernoctar a Macastre. El 27 llegaron a Cofrentes, cuyo vecindario en masa hizo un recibimiento entusiasta al Santo Mártir Coronado. El día siguiente al amanecer 28 de Julio, la mayor parte de los vecinos de Jarafuel esperaban ya cerca de Cofrentes a la Comitiva, para adorar la reliquia insigne y saludar al piadoso Patricio, que tan rica dádiva les traía.

Relatar la entrada del Santo en la Villa de Jarafuel, sería intento vano, porque la alegría el entusiasmo y el delirio, que manifestaban todas las clases sociales no sería comprendido ahora por la generación presente amortiguada como está su fe y con la indiferencia religiosa que la distingue.

Fue hospedado el cuerpo del Santo, en el barrio del Portal en la casa de Valero Baltasar casado con María Pastor, y allí permaneció hasta el 17 de Agosto, en cuyo día se trasladó procesionalmente a la Parroquia y se inauguró su culto en esta Villa, con una función solemnísima a la que asistieron todos los Curas y Ayuntamientos de los cinco pueblos del valle. Cantó la Misa el señor Cura de Cofrentes y ocupó la Sagrada Cátedra el señor Cura de Jarafuel, Doctor D. Juan Bautista Saubá, y de tal manera supo mover los corazones con su fe ardorosa y su elocuencia arrebatadora, que en medio de lágrimas y de sollozos, arrancó promesas formales a aquellos pueblos de permanecer siempre fieles y leales al Dios de Coronado y vivir perpetuamente a la sombra benéfica de su patrocinio. Ciento veintiséis años van pasados, desde aquel acontecimiento religioso, y hoy todavía parece que se estremecen de júbilo los muros de la Iglesia, que recogieron aquellos juramentos sagrados y oyeron aquellas entusiastas aclamaciones.

¡Ah! Que Jarafuel no olvide nunca las promesas de sus antepasados, y que el mejor timbre de gloria y de grandeza lo cifre siempre esta Villa en su ardiente devoción al Mártir, a quien venera.

TRIDUO

solemne de rogativa a San Coronado Mártir, que con motivo de una pertinaz sequía de cerca de tres años, se celebró en Jarafuel en los días 3, 4 y 5 de Mayo del año 1878

DIA PRIMERO DEL TRIDUO

Oración preparatoria para los tres días

Invicto Mártir del Catolicismo, preciosa flor de la Santa Iglesia, Patrono esclarecido de esta Villa, con el corazón traspasado de amargura venimos hoy a implorar tu intercesión en favor de este pueblo atribulado. Ciento ocho años hace, que reposas en ese altar y tu feliz llegada se inició, en aquel entonces, con rasgos los más bellos de la divina Clemencia. Haz que éstos se renueven por tu poderosa mediación y que cesen los gravísimos males que sufre este pueblo desgraciado. Nunca jamás hemos recurrido en vano a tu protección, ven pronto en nuestro socorro y calma las ansias angustiosas de esta Villa encomendada a tu cuidado. No desoigas el clamor de estos tus hijos, ni te muestres sordo a las fervorosas plegarias de numerosos corazones, que en estos días de calamidad te aclaman por patrono y por refugio. Enjuga nuestras lágrimas y calma nuestros pesares, y ya que con fe y arrepentidos venimos a invocarte en este tríduo solemne, haz que el Dios de las misericordias nos colme de felicidades en esta vida y después nos dé la gloria. Amén.

Oración final para los tres días

Aceptad, ¡Oh esforzado Mártir de la fe y patrono insigne de Jarafuel! El homenaje de nuestro amor y el tributo de nuestro cariño leal; recibid nuestras plegarias y escuchad nuestros clamores, y ya que en estos tres días venimos a ratificar nuestra antigua alianza con el que quiso habitar en este suelo, que vuestra intercesión no nos falte, ni vuestra protección nos abandone. Sean estos tres días, que con fervor dedicamos a celebrar tus triunfos y a invocar tu patrocinio, un lazo más que estreche nuestros corazones a tus virtudes para amarlas e imitarlas y una cadena de agradecimiento, que sujete nuestras almas a la Religión por la que supisteis dar tan generosamente vuestra vida. Amen.

 

Meditación para el primer día

Acción providencial de Dios al enviar a esta Villa el cuerpo del Santo Mártir Coronado

PUNTO PRIMERO

Considerar, hijos de esta Villa, la misericordia de Dios y la acción providencial del Altísimo al enviarnos esa reliquia insigne, que en ese altar veneramos. Quince siglos hacía, que esos huesos venerandos, reposaban en las Criptas romanas después de su glorioso martirio, cuando Dios encendió en el corazón de un compatricio nuestro el deseo ardiente de pedir y alcanzar de la Santidad de Clemente XIV el cuerpo de un Santo Mártir, que siendo patrón de esta Villa de Jarafuel, Dios, por su intercesión, nos librara de las sequías y tempestades, que con tanta frecuencia padecía esta comarca desgraciada. ¡Admirable remedio! ¡Enérgica medicina! Los mártires, al dar generosamente su vida por la fe y al derramar su sangre por confesar a Jesucristo, además de adquirir una corona inmortal en el cielo, adquieren grande valimiento cerca de la Divinidad, en favor de sus protegidos ¿Qué podrá Dios negar al Santo Mártir a quien veneramos después de haber hecho a su Dios en la tierra el sacrificio de su bienestar, de su reposo y hasta el de su propia vida? ¿Qué petición hará nuestro Santo en el cielo, que Dios Nuestro Señor no la despache favorablemente? ¡Oh Santo Mártir! Y tus protegidos hace cerca de tres años sufren todos los horrores de una espantosa sequía, siendo para ti tan fácil su remedio ¿Qué te hemos hecho que así desoyes el clamor del necesitado, el suspiro de los que sufren y esa funesta elegía de todo un pueblo que gime y que padece? ¿Qué crimen hemos cometido contra Dios, que mientras los demás pueblos experimentan las benéficas influencias de la Providencia, nuestra comarca no descubre sino las huellas de la Justicia divina? Ya lo entendemos, hemos pecado contra Dios ¡Mártir esforzado! Que tu patrocinio nos convierta y nos consuele y tu mediación nos salve.

PUNTO SEGUNDO

Considerar, la grandeza del don que Fray Pedro Martínez y Bañogil pedía en Roma al Sucesor de los apóstoles y las dificultades, que por espacio de ocho años contrariaron los deseos de aquel corazón amante de su Dios y de su patria; pero ni la humildad de su condición, ni los obstáculos que se le presentaron fueron poderosos por sí para hacerle desistir de su empeño, en el que creía estaba cifrado el bienestar de su pueblo. La Providencia, sin duda alguna, quería dotar a esta Villa de un venero fecundo de dicha y protección y se valió de un instrumento al parecer tan débil y despreciable como el pobre Fraile de San Francisco de Asís. Sus ruegos y súplicas tuvieron eco en la Silla Apostólica y el decreto providencialmente preparado, tuvo efecto en el año 1770. El 28 de Julio del mismo año hacía su entrada pública y solemne en esta Villa y tomaba posesión para siempre del pueblo encomendado a su cuidado, para interceder por los hijos de esta Villa y de una manera especial en los días de angustia y tribulación. Nuestro agradecimiento a la Providencia debe ser tal, que nunca jamás nos apartemos de sus leyes, ni nos desviemos de ese ejemplar de fe y de constancia, que en día feliz envió a nuestro pueblo. No se alcanza la protección de ese Santo; si no imitando sus virtudes. No puede venir en nuestro socorro, si nosotros no estamos unidos a su Dios por el cumplimiento de su ley santa. En vano esperará consuelo, dice el Espíritu Santo, el hombre pervertido y el corazón manchado por la culpa. En vano trabajará el que edifica en la casa de iniquidad.(1)

¡Oh Santo protector! Nosotros tal vez hayamos trabajado en la casa de iniquidad; pero míranos aquí no teniendo delante de nuestros ojos más que nuestra tribulación y nuestra angustia: si un día extraviados abandonamos, en mal hora, el ejemplar admirable de vuestras virtudes, contémplanos hoy detestando nuestras culpas y agrupados en derredor de vuestras reliquias. Enviado fuiste por la Providencia para remediar nuestros males y calmar nuestros dolores, ven hoy en nuestra ayuda ya que son como el mar nuestros infortunios: no mires nuestros extravíos, que son grandes y continuados, mira tan solo nuestra miseria y necesidad y que tu protección nos alcance y tu valimiento nos salve.

Meditación para el segundo día

Correspondencia amorosa, que la Villa de Jarafuel debe tener siempre a su Patrón esclarecido el Santo Mártir Coronado

PUNTO PRIMERO

Dios no envió a este pueblo ese mensajero de sus piedades divinas, para que admiráramos sólo su acción providencial y su misericordia sin límites; sino que lo concedió para que teniendo siempre delante de nuestros ojos las virtudes heróicas del defensor de la fe, nos esforzáramos en imitarlas y practicarlas ¿Y de qué modo hemos correspondido a esas finezas del Altísimo y a los innumerables beneficios alcanzados por la mediación de su siervo? ¡Ah! Nuestros padres hacían alarde de manifestar, en todas las ocasiones, el entrañable cariño que a su ilustre defensor profesaban; nosotros hoy nos avergonzaríamos de sentirlo bullir en nuestro corazón, la indiferencia más criminal y punible es el carácter distintivo de esta generación. Ellos le invocaban con fe; nosotros le despreciamos. Nuestros padres hacían cuestión de honra popular todo aquello, que a su santo patrón se refería; nosotros hemos borrado por completo esos timbres de gloria y esos blasones de grandeza. Por esto, dice el Espíritu Santo, yo perderé a los de corazón ingrato y desarraigaré las casas de aquellos que olvidaron a mis siervos. No encontrarán reposo en la tierra y serán malditos los campos que trabajen é infructuosos sus sudores. Sus graneros estarán siempre vacíos, corno vacíos de amor están sus corazones, y el aire se poblará de quejidos y de llanto y de amargura todas sus habitaciones. Haré desierta la morada del que olvidó mí ley santa y borraré de la tierra las generaciones prevaricadoras.(2)

¡Oh Mártir excelso! Si nuestro pueblo está retratado en esas palabras del profeta Jeremías, con tu mediación aparta de él esa sentencia terrible del Espíritu Santo ¡Que Dios no vea nuestra ingratitud ni nos tome en cuenta el olvido de su ley! Que mire solo nuestra desdicha y se compadezca de nuestra desgracia.

PUNTO SEGUNDO

Consideremos, que ni los beneficios nos acercan a Dios, ni los castigos de su Providencia nos humillan; el desdén hacia la religión por la que supo morir Coronado es por desgracia el carácter que más distingue a la generación actual. Y cuando un pueblo ve con indiferencia pasar por delante de él, o las misericordias de Dios, o los rasgos majestuosos de su justicia, sin que el corazón de ese pueblo se incline hacia la Divinidad, tarde o temprano; pero cuando así cumple a su voluntad soberana, el pueblo se hunde en el profundo abismo de la infelicidad y de la desgracia. Dios, en su infinita misericordia, interpuso entre su justicia y los desvaríos de esta Villa, la sangre generosamente vertida por el glorioso Mártir Coronado; para que en momentos de angustia y de dolor, y visto nuestro arrepentimiento y penitencia, salvara su mediación el promontorio altísimo de nuestras iniquidades y nos abriera el camino de los beneficios. Y siempre nuestro Patrón ha sabido cumplir esa misión tan generosa como providencial. El ha visto mil veces las calamidades todas de la tierra cerniéndose sobre la Villa por él patrocinada y con su intercesión apartar los castigos con que nos amenazaba el Dios de la justicia. Y por todo agradecimiento, él ha visto desierto su altar; él ha contemplado el silencio alrededor de esa urna gloriosa donde reposan sus huesos martirizados; él ha oído palabras injuriosas contra esos restos venerables; y los juicios contradictorios, que en las inteligencias extraviadas se levantan, poniendo en duda su patrocinio amoroso ¡Ah nuestra correspondencia no está en armonía con el amor y cariño que tan visiblemente nos manifiesta! Nuestra ingratitud es clara y patente.

¡Oh Santo protector! No separes nuestra iniquidad; no midas nuestra indiferencia con el compás de tus beneficios, ni pongas en la balanza donde se pesan los pueblos, nuestra ingratitud desleal. Olvida nuestros desprecios y no oigas hoy; sino nuestros clamores. Nuestras campiñas están secas y nuestras siembras mustias y macilentas, haz con tu protección, que Dios renueve en este suelo el milagro de las rocas del desierto y el portento de Elías en Judá. Pocos nos acercamos a tu altar; pero no repares en la multitud de los que te piden, sino en la fe de los pocos que te invocan.

Meditación para el tercer día

Necesidad que tenemos los hijos de Jarafuel de ser eminentemente religiosos y profundamente agradecidos a nuestro patrón San Coronado

PUNTO PRIMERO

Considerar, que no hay pueblo en la tierra que dependa tanto como el nuestro y de una manera especial de la divina Providencia. Nuestro suelo, nuestro clima y la posición topográfica de esta comarca hace que tengamos que fiar siempre a la misericordia infinita de Dios todas nuestras cosechas, de las cuales penden nuestra dicha y bienestar temporal. No hay venero alguno de riqueza en esta Villa, que pueda el hombre sacarlo por sí sin la ayuda eficaz y directa de la Providencia. Todo depende en este suelo de la oportunidad y abundancia de las lluvias, y éstas no descienden a fecundizar la tierra, sino cuando así pace a la voluntad soberana del Criador. Porque sólo El forma los nublados, como dice el Espíritu Santo, sólo El amontona las nubes en el horizonte y el único que les manda arrojen rocío benéfico sobre las tierras sedientas y sobre los campos agostados. Todos los hombres juntos de la tierra no son capaces de formar la más pequeña nubecilla, ni hacer que se deshaga en agua, el más pequeño nublado. Por esto necesitamos tener siempre propicia la Providencia, por esto se hace preciso que seamos profundamente religiosos y amantes de nuestro Dios, del que depende siempre nuestro porvenir. Y porque así lo comprendía nuestro paisano Fray Pedro Martínez y Bañogil no perdonó medio alguno hasta conseguir para su patria la posesión de ese Patrono esclarecido, que fuera intercesor perenne entre el Dios justiciero y pueblo pecador, medianero especial entre el cielo y la tierra, entre Jarafuel y la Providencia. ¡Ah! Bendita sea la memoria del humilde Franciscano de esta Villa. Reciba, hoy, de los hijos de este pueblo los recuerdos más fervientes de nuestro agradecimiento y amor.

Pero nosotros no hemos correspondido a esos beneficios del cielo. Ingratos hemos olvidado al Dios de Coronado y no nos acordamos del Mártir, que defiende a nuestro pueblo. Injustos para con él, hemos borrado su nombre de nuestro corazón, después de rasgar el código de la ley santa en la que marcados están los deberes para con Dios, siempre despreciados por nosotros y nunca jamás cumplidos.

¡Oh esforzado Campeón del catolicismo, patrono esclarecido de esta Villa! No oigas el clamoreo de los que te desprecian y escucha sólo los quejumbrosos suspiros de los que te invocan. No te acuerdes de nuestros desprecios y mira tan solo nuestra desgracia. Que tu protección no nos falte, por más que algunos pocos en su incredulidad hagan objeto de irrisión tus restos venerables.

PUNTO SEGUNDO

Nunca jamás hemos demandado auxilio a nuestro Santo, que no haya venido con presteza en nuestro socorro, si nuestra invocación ha sido frecuente y constante nuestra plegaria. Nunca hemos tocado a la puerta de su patrocinio vanamente y sin resultado: siempre al representarle nuestra angustia nos ha enviado el consuelo; y al exponerle arrepentidos nuestros males, los bienes no se han hecho esperar por mucho tiempo. Tres días hace tan solo que hemos recurrido a ti, que eres gran calmador de dolores y empiezas ya a socorrernos(3). Mucho tiempo esperábamos que el cielo nos enviara la lluvia para nuestros campos marchitos y para nuestras cosechas casi agostadas y secas; pero el cielo era de metal para nosotros, porque sin duda esperabas que a ti recurriéramos. Ya lo hemos hecho. Tu urna puesta en esa altura para que todos la vean y todos puedan invocarte, es la señal de que tu protección empieza a extenderse sobre esta Villa encomendada a tu cuidado. Tú sabrás concluir la obra tan prodigiosamente comenzada.

Ríase el racionalista de nuestra fe; búrlese el impío de nuestra confianza ciega en tu protección salvadora; atribuya el beneficio del agua a esa hueca casualidad, por no confesar que viene de la Providencia atribuya a los elementos la eficacia que sólo reside en Dios; nosotros los que nos gloriamos de ser católicos, despreciando con desdén esas palabras hijas del orgullo necio del hombre y de la impotencia miserable de la inteligencia humana, seguiremos invocándote siempre en nuestras tribulaciones y angustias y tendremos como el blasón más acariciado de nuestra patria el que tú seas nuestro patrón y nosotros tus protegidos.

¡Santo protector! ¡Gloria de este pueblo y timbre precioso de esta Villa! No te olvides jamás de nosotros. Sigue derramando sin cesar sobre este pueblo agradecido el raudal abundante de tus gracias. No seremos en adelante de aquellos que aceptan el beneficio y después queman la mano benéfica que lo concede, que admiten la oferta e insultan después con el desprecio y el olvido el corazón generoso que la prodiga. ¡Oh Mártir esforzado! Permitid que al contemplar vuestros restos venerables os digamos lo que el profeta Jeremías, al acordarse de Jerusalén: Péguese la lengua a mi paladar si yo me olvidara de Tí y no te invocare día y noche como el más preciado objeto de nuestro amor y reconocimiento.(4)

 



(1) Salmos de David

(2) Jeremías.

(3) El tercer día de Tríduo empezó a llover copiosamente desde por la mañana y no paró hasta el día siguiente a las seis.

(4) Jeremías.

 

Estamos elaborando la página, rogamos colaboración para llevar a buen fin esta pagina. GRACIAS

 

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